Jesús Cánovas, diseñador zapatero: “Este oficio se aprende a tortazos, no en ninguna escuela”

3 Feb
Jesús Cánovas durante la entrevista. / CaLzados

Irradia energía y positivismo. Su principal objetivo, tal y como él confiesa, es divertirse trabajando. Y esto no lo consigue únicamente diseñando un zapato, sino también transmitiendo a los que están cerca de él su pasión por crear, por moverse y por dar a conocer lo que él lleva aprendido tras más de 40 años en el mundo del calzado. Jesús Cánovas, tal vez el zapatero más mediático de España, empezó vendiendo material de construcción, perfumes y maquinaria. Hoy calza, entre otros, a Sarah Jessica Parker, Hugh Grant o Michael Douglas.

Su despacho, cuidadosamente ordenado, contiene una considerable muestra de sus creaciones. Pero más que un pequeño almacén, este espacio es como un museo que cuenta la historia de su vida. Allí están, ordenadas por colores, tipos de piel o género, todas sus obras de arte. En las paredes, las fotos de las estrellas que han llevado sus modelos: Julio Iglesias, su catapulta en las altas esferas, el príncipe Felipe, Antonio Banderas o George Clooney.

¿Soñaba Jesús Cánovas con ser un gran empresario? ¿O con diseñar los zapatos que llevan las estrellas de Hollywood?

– La verdad es que con ninguna de ambas cosas he soñado de pequeño. Una serie de circunstancias me han llevado a este sitio. Llegué a Elche siendo vendedor de material de construcción. Mi suegro era fabricante. Era la época del boom del zapato, los años 70. Y me hinché a vender maquinaria. Hasta que en una ocasión mi suegro me propuso ir a Madrid a vender zapatos. Vendí tantos que acabé metiéndome en la fábrica. Ese fue mi punto de partida.

En aquella época, según relata Cánovas, había más posibilidades de aprender el oficio que a día de hoy.

– Este negocio se aprende a tortazos, no en ninguna escuela. Por supuesto que existen grandes escuelas de patronaje en nuestro país, y sobre todo en Italia. Pero el diseño lo aprende uno mismo entre las paredes de una fábrica. Hoy, los sindicatos y las administraciones ponen, de algún modo, un obstáculo al aprendizaje que a mí me formó. Las empresas, obligadas a dar de alta a sus becarios, sólo pueden ofrecer esta oportunidad a un número reducido de aprendices.

Cánovas siguió aprendiendo, alternando su tiempo en la fábrica con su oficio de vendedor. Hasta que la fábrica de su suegro quebró. Sin embargo, no se dio por vencido y creó su propio negocio. Es aquí donde aparece, por primera vez, la figura del Cánovas creador.

– Vendía mis modelos al Corte Inglés. Fue en aquella época cuando decidí crear para mí un zapato cómodo de cuero con el que no hiciese falta llevar calcetines. Recuerdo claramente que cuando se lo llevé a Martinelli, él me preguntó: ¿Pero esto quién lo va a llevar?

Los empresarios, en ese momento, no apostaron por él. Pero sí lo hizo Julio Iglesias. El cantante, de paso por Madrid, vio en un escaparate aquel zapato que los empresarios del momento calificaban como “bastante afeminado”. Sin embargo, el intérprete encargó a la tienda todos los modelos de su número que existían de aquel zapato. Este fue el punto de partida de la tarea que Cánovas desempeña en la actualidad. Su producto más conocido todavía sigue generando ganancias. El pasado verano, en Marbella, fue Michelle Obama la que se compró uno de estos modelos. La primera dama de EEUU pidió el número 42.

El modelo de Jesús Cánovas que compro Michelle Obama durante su estancia en Marbella. / CaLzados

– Yo no puedo dictar la norma. Tiene que ser alguien que tenga influencia mediática suficiente, tanto hombre como mujer, el que lo haga por mí.

El zapatero observa un nuevo modelo que tiene sobre la mesa. En el norte del país no ha logrado vender esta nueva creación, pero está convencido de que tarde o temprano lo conseguirá.

– Si Penélope Cruz llevase este zapato, yo ya tendría el trabajo hecho.

Tal vez el factor más negativo de su profesión sea el riesgo. Aunque Cánovas es contrario a la negatividad.

– Con haber disfrutado con mi trabajo ya tengo un grado de satisfacción de más del 50%. Y yo disfruto investigando, buscando el tipo de terciopelo determinado, comprobando todos y cada uno de los colores. El riesgo siempre está acompañándome. Invierto en materiales carísimos, muy difíciles de encontrar, con la incertidumbre de si mi nuevo proyecto va a funcionar. Por eso son más caros mis zapatos. Porque intento hacerlos con clase, con estilo y diferentes a los demás. El problema es conseguir que la persona que yo necesito se los ponga.

Con una extremada delicadeza, Cánovas acaricia un trozo de piel de leopardo que le ha costado meses adquirir.

Pero, ¿cómo llega Cánovas a las estrellas? A lo largo de los años, el empresario ha conseguido situar sus diseños en puntos estratégicos. Luego, examina las publicaciones de la prensa rosa, y es cuando se entera de que distintos famosos han adquirido sus modelos.

– Buscamos nuestros clientes en hoteles de lujo, aviones de primera clase (mediante catálogos), Marbella, la Costa Azul, Australia… Una vez recibí una llamada del hotel Reina Cristina de Zaragoza. Querían un zapato del número 42 con las iniciales BP. Poco después vi en la prensa a Brad Pitt con nuestros zapatos.

El producto más exclusivo de Cánovas es, sin lugar a dudas, el zapato joya. Este zapato femenino lleva incrustados miles de cristales de Swarovski, colocados a mano por el diseñador en cada modelo. Cada par de zapatos joya es exclusivo, y su precio puede llegar a alcanzar los 15.000 euros. El diseñador confiesa que cada uno de estos pares de zapatos llevan detrás dos meses de trabajo.

El "zapato joya" de Cánovas. Estos modelos están valorados en 15.000 euros. / CaLzados

– En este caso, solo podemos vender por encargo. Para captar clientes, realizamos fiestas en joyerías a las que acuden las interesadas. Próximamente celebraremos una en Altea. Este zapato se vende en todo el mundo. Rusia, Inglaterra, Suecia… Los árabes se vuelven locos con esta joya. Muchas veces encargan 4 o 5 pares a la vez, supongo que para cada una de sus mujeres.

Mientras deposita cada uno de los modelos que ha ido enseñándonos en el sitio que le corresponde, con extremado cuidado y examinando cada uno de sus detalles, Cánovas confiesa lo siguiente:

– No entiendo a aquellos que dicen que está todo creado. Está todo por hacer. Tras haber recorrido parte del mundo, echo de menos tantas cosas… Cosas que aquí no existen y las tengo que crear, siempre con mi sello de identidad.

 

 

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