El arte de las puntas

3 Mar

Fabricar un buen zapato se considera una creación artística, pero este proceso sólo alcanza su plenitud cuando se convierte en un vehículo para generar un nuevo arte. Uno de los pocos casos en los que se produce este fenómeno corresponde a la creación de las zapatillas de punta, herramienta fundamental de las bailarinas de ballet clásico. En este caso concreto, no sólo existe una buena elección del material, un extremo cuidado en el acabado o una elaboración completamente artesanal, sino también una búsqueda de sensaciones, sentimientos e impresiones que se materializarán (si la bailarina consigue transmitírnoslo) en un arte al que han sucumbido compositores de la talla de Tchaikovsky o Stravinsky: el ballet clásico.

Tal y como señala Ferdinando Reyna en su libro “Historia del Ballet”, el uso de las puntas tiene su origen a comienzos del siglo XIX con el auge de los ballets románticos. En esta época la danza es un cúmulo de seres espirituales, hadas y espectros, y mediante las zapatillas de punta se pretende que la bailarina adquiera la sensación etérea de estas figuras. Pilar Sánchez, profesora y coreógrafa de una de las academias de ballet más antiguas de Elche, afirma que a día de hoy “esta sensación etérea se ha transformado en la elegancia que caracteriza el ballet clásico de la actualidad. La zapatilla de punta alarga la pierna y crea en la mujer una figura realmente bella”.

Pilar Sánchez, profesora de ballet y coreógrafa. / caLzados

Pero, evidentemente, para que la bailarina adquiera la impresión de ese ser fantástico debe realizar previamente un gran esfuerzo físico y técnico que conlleva un largo entrenamiento para conseguir el desarrollo absoluto de los empeines. En este proceso, podríamos afirmar que las zapatillas de punta son el último escalón para convertirse en un ser sobrenatural. Para poder llegar a dominarlas, las bailarinas deberán empezar trabajando con la zapatilla de media punta.

Pilar Sánchez y Carolina de Pedro (editora y profesora de danza clásica en la escuela Danza Ballet de Barcelona) coinciden en recomendar el uso de las zapatillas de punta a partir del segundo o tercer año académico. No obstante, Sánchez apostilla que cuando se está introduciendo en el mundo del ballet a una niña es necesario esperarse a que ésta cumpla al menos 11 años para permitirle trabajar con las puntas: “algunas profesoras cometen una auténtica barbaridad calzando a niñas tan pequeñas con este tipo de zapato, ya que el pie todavía se está formando y adquiriendo fuerza”.

La utilización de las puntas, tal y como constata Sánchez, está reservada “únicamente a las mujeres”. En la doctrina del ballet clásico, el bailarín es el vehículo que utiliza la bailarina para realizar aquellos movimientos silenciosos, en constante crecimiento a lo alto, sin apenas rozar el suelo.

 

 

La elección de las puntas

Tanto bailarinas como profesoras y coreógrafas coinciden en el carácter personal e intransferible de la elección de las zapatillas de punta. Tal y como señala el artículo publicado en la web de Danza Ballet, ambas zapatillas deben quedar completamente ajustadas a los pies de la bailarina, pero sin que logren encoger los dedos: “los dedos deben entrar perfectamente estirados, del mismo modo que tampoco debe sobrar espacio en los talones al ponernos de puntas”.

Las profesionales son estrictamente precisas a la hora de elegir su herramienta de trabajo. Por la tienda de Toñi Coves, especializada en la venta de zapatos de ballet, han pasado cientos de bailarinas. La dueña del establecimiento, situado en el centro de Elche, confiesa que algunas de sus clientas “han llegado a probarse treinta pares de zapatillas de punta antes de elegir su modelo definitivo”. Y es que, tal y como añade Coves, “no sólo importa la talla, sino también la anchura del pie para que el calzado se ajuste correctamente a los pies de la bailarina”.

En la tienda de Toñi Coves. / caLzados

Según Pilar Sánchez, las zapatillas de punta se clasifican en 3 modalidades:

– De suela sencilla: para pies más débiles.

– De doble suela: para aquellas bailarinas de fuerza media.

– De triple suela: las utilizan aquellas bailarinas con mucha fuerza.

La fabricación de este tipo de zapatos, según destacan la profesora ilicitana y Carolina de Pedro, es un arte que todavía no ha conseguido germinar en España. Elche, uno de los principales focos del calzado a nivel nacional, todavía no dispone de artesanos de nivel como Estados Unidos o otros países europeos como Rusia o Gran Bretaña.

El mundo de las zapatillas de punta contiene tantas experiencias, técnicas, leyendas y vivencias que es inconmensurable. No obstante, casi todas las profesionales coinciden en resaltar su gran belleza. Pilar Sánchez, mientras me enseñaba su herramienta principal, exclamaba: “¿Ves? Son una preciosidad. Qué cosa más bonita y más delicada”.

Artículo de contexto o despiece: Entrevista a Carolina de Pedro, editora y profesora de danza clásica en la escuela Danza Ballet de Barcelona.

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