Los escondites del dinero

10 May

Polígono Industrial Carrús de Elche

La economía sumergida que ha existido y existe en el sector del calzado desde los años 70 ha llenado la provincia de escondites y nidos clandestinos que constituyen el amplio repertorio de formas que puede adoptar este fenómeno. Más de 8.000 trabajadores de la provincia desarrollan las labores de la cadena de producción bajo alguna forma de ocultamiento, siendo la más conocida y generalizada, el trabajo a domicilio. Estos escondites de dinero han aumentado en los últimos años debido a la crisis y expertos y sindicatos denuncian la falta de inspectores que se centren en este problema.

La producción zapatera de la provincia y, en especial, de Elche se apoya en el trabajo a domicilio y en una amplia red de talleres contratados de manera irregular, así lo recoge R. Viruela en su trabajo ‘Zapatos de Cristal’. La economía sumergida del sector del calzado se extiende así por toda la provincia y sus trabajadores asumen y aguantan las precarias condiciones que se les ofrecen en estos escondites.

El trabajo a domicilio es la forma más generalizada de ocultamiento en el sector que durante los años 70-80 tuvo gran arraigo, ocupando básicamente a las mujeres de la casa que se centraban en casi la totalidad de la ocasiones en el aparado.

Así, esta forma de trabajo estuvo reconocida por la legislación laboral pero con la reconversión del sector, tendió a crecer y expandirse y comenzó a ejercerse en negro hasta llegar a la actualidad, donde la totalidad se hace dentro del clandestinaje. “La aparadora en casa está trabajando clandestinamente. La gente puede pensar, que bien, trabaja en su casa, no tiene horarios, está cocinando y al mismo tiempo aparando, ¡cuanta libertad! No, eso no es libertad, eso es esclavitud en casa”, explica Pascual Pascual, secretario general de CC.OO Elche. Además, no se paga seguridad social ni impuestos, en el momento en que se mete en casa, ya no tiene ningún derecho”, añade.

Jose Antonio Macià, secretario general de UGT Elche

Esta forma de ocultamiento está formada por trabajadoras que ocupan los niveles más degradados del sector y su situación se ha ido deteriorando con los años.

Asimismo, junto a esta forma de producción clandestina, existen otros escondites como los talleres clandestinos, un fenómeno novedoso de las tres últimas décadas que se extiende por toda la provincia. Se trata de pequeñas empresas que desarrollan distintas fases de la cadena productiva para las grandes fábricas, por lo que son totalmente dependientes de ellas. Según los sindicatos, algunas de ellas se pueden localizar en el Polígono Industrial de Carrús. “En el polígono Industrial de Carrús, hay naves que son autenticas ratoneras, que no tienen salidas, sin espacio para moverse, estando cincuenta trabajadores donde debería de haber quince”, denuncia José Antonio Macià, secretario general de UGT Elche.

No obstante, Mercedes Torres también denuncia la existencia de estos talleres como una competencia desleal para los trabajadores legales del sector. “Hay talleres asiáticos que están trabajando toda la noche. Los ilicitanos hacemos cola en el paro todos lo días y ellos se van a dormir y por la noche y trabajan mientras nosotros estamos durmiendo”, explica la aparadora. “Yo no digo que no trabajen pero que trabajen con las mismas condiciones que los demás, por el día, con todo legalizado y dando de alta a su gente”, añade.

Según los sindicatos el número de estas empresas clandestinas es elevado pero tienen la ventaja de cerrar o abrir con facilidad por su pequeño tamaño.

Por último, otra de las formas de ocultamiento que más se produce en el sector es el trabajo sin contrato dentro de la empresa legal. Según un estudio realizado por San Miguel y Jorge Hurtado, un tercio de los trabajadores de las fábricas legales están sin contrato. Este tipo de economía desleal está formada por un grupo de trabajadores que, con frecuencia, ocupa los niveles más bajos, siendo las mujeres, jóvenes e inmigrantes los que más la sufren. “Los trabajadores necesitan el trabajo y la gente pasa por esas condiciones lamentables con unos salarios que en la mayoría de los casos no alcanza al 70% de lo que es el salario base del sector”, asiente J.A. Macià, secretario general de UGT Elche. “Las empresas que tienen condiciones de trabajo digamos normales quizás son un 15%”, añade. 

Según los sindicatos, en los barrios de La Puñalá, El Toscar y Carrús de Elche, sigue habiendo casas de clandestinaje en el sector

Expertos y sindicatos denuncian la falta de inspectores y un control más penetrante sobre este fenómeno que se ha visto incrementado con la actual crisis. “Se deberían de aumentar las inspecciones. Por razones de imposibilidad de la administración hay pocos inspectores y los que hay están mucho más dedicados a temas fiscales que a temas laborales”, explica Josep-Antoni Ybarra, experto en economía Política Industrial.

Las fronteras entre lo legal y lo ilegal parecen no existir y continuamente la provincia y, en especial, Elche, es testigo de cómo se incumple la legislación laboral y crecen los escondites del dinero.

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